La Trampa de los Precios Máximos

Carlos Winograd y Marcos M. Orteu

Originalmente publicada en Clarin, 07/05/2020, LINK.

 

En “Justice”, Michael Sandel expone el debate sobre los “precios abusivos”, en el marco del Huracán Charly, que azotó el Estado de Florida en 2004. La noción de “abusivo” es contrapuesta con la de “precios normales” considerados por algunos autores como moralmente correctos o justos. Sandel presenta argumentos tanto en favor del libre mercado como de la intervención del Estado, y finalmente concluye citando a Jeff Jacoby : “demonizar a comerciantes y proveedores no acelerará la recuperación de Florida”.

El país enfrenta el impensado desafío del Coronavirus. ¿Qué impulsa, el aumento de los precios de alimentos?

La explicación más sencilla sería el aumento de la demanda, pero si bien se incrementó la demanda de consumo familiar, disminuyó fuertemente la demanda gastronómica comercial. Entonces , más allá de cuestiones estacionales o cambios en la composición de la canasta de consumo, ¿por qué aumentaron los precios de la canasta de alimentos?

Una posible explicación podría asociarse al aislamiento social que restringe drásticamente los desplazamientos de los ciudadanos, reduciendo las opciones de consumo disponibles, y consecuentemente, disminuye la competencia que enfrentan los comercios de cercanía.

Aun pequeños almacenes acceden a un mayor poder de mercado, lo que se traduce en precios más elevados durante el periodo de confinamiento.

¿Son los precios máximos la respuesta a este problema de menor competencia local? Nuestra propia vivencia e innumerables experiencias en la historia económica internacional revelan las limitaciones de las políticas de control de precios, aun más en contextos de alta inflación.

El desabastecimiento de productos y el mercado negro que emergen después de un tiempo, son fuertemente regresivos, afectando particularmente a los sectores de menores ingresos. Una respuesta alternativa es limitar el poder de mercado, de los oferentes de bienes y servicios, generado por el confinamiento. Un decidido impulso a la implementación de más y mejores soluciones de delivery es un instrumento potente para demoler este poder de mercado.

La movilidad de los productos sustituye la movilidad de las personas, y se extiende así el mercado geográfico relevante, restableciendo una mayor competencia. A su vez, se promueve la indispensable sinergia entre salud y economía.

La implementación de un protocolo sanitario y de testeos focalizados de COVID para los trabajadores del sector, los transforma en vectores saludables que reducen el tránsito general de la población y contribuyen a contener la propagación del virus.

El análisis para productos sanitarios como el alcohol en gel o barbijos, es diferente. La demanda de estos bienes aumentó sustancialmente con la pandemia y el incremento de precios puede considerarse injusto o inmoral.

El mercado, que tiende a encontrar su equilibrio en condiciones normales, deja de funcionar correctamente en situaciones de pánico o picos extremos de demanda. Para mitigar estos problemas generados por el Covid 19 se requiere la intervención del Estado. Sin embargo, es importante evitar que estas intervenciones destinadas a enfrentar una falla de mercado causen mayores daños que los que se pretenden remediar.

Fijar un precio máximo muy bajo genera desabastecimiento y un justificado malestar de la población. Los primeros clientes en llegar vaciarán el estante y acumularan reservas del producto a bajo costo mientras que el resto de los clientes se quedan sin ninguna unidad, disconformes, al igual que el productor y el comerciante. A su vez, como la población anticipa una rápida desaparición del producto al precio administrado, el incentivo a asegurarse la disponibilidad de gel, ahora esencial, se torna en pánico comprador y en una profecía auto cumplida: el miedo al desabastecimiento provoca la desaparición del producto.

En los casos en que la oferta puede ajustarse en el tiempo, y proveer un aumento de la cantidad disponible en el futuro es fundamental preservar señales de precio que reflejen el aumento de demanda. Una regla de precio máximo aplicado a toda la oferta corriente y futura destruye los incentivos a un ajuste de la producción y la ulterior eliminación del exceso de demanda.

En estos casos, parece mejor implementar restricciones a las cantidades – cuotas – o esquemas mixtos en los que las primeras unidades sean vendidas a precios máximos “accesibles” y por sobre una cierta cantidad, los precios se ajusten a la demanda. Si bien este mecanismo no está desprovisto de problemas de fraude, como favoritismos o compras repetidas, se incrementan los costos de acaparamiento. La ventaja de estos esquemas es que permiten reducir la demanda de dichos bienes – el riesgo de desabastecimiento – y simultáneamente se generan incentivos para aumentar la producción. Es esta una política que permite equilibrar de una manera menos distorsiva las necesidades de consumidores, comerciantes, y productores.

Estas recomendaciones no son solo importantes por cuestiones económicas o morales, sino también sanitarias. Demonizar a un sector de la sociedad no generará los incentivos correctos para que se produzcan las cantidades necesarias a los precios que percibimos más justos, y no contribuirá a acelerar la deseada recuperación de Argentina.